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El Cónsul de Nagoya

Posteado a las 14 de Marzo de 2012 - 23:15 0 comentario
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El deportado bajó del avión decidido a pagar el impuesto secreto. Entró a la oficina de lunas polarizadas del aeropuerto Jorge Chávez. Amanecía el primer día del 2010. Un policía de Migraciones con cara soñolienta lo atendió. Mientras tomaba una taza de café revisó por qué había sido arrestado. Al leer el delito bostezó y abrió más los ojos para ver los años de permanencia en Japón. Sacó mentalmente las cuentas del pago: cincuenta dólares por año.  Revisó entre las hojas del salvoconducto y halló mil dólares.

 

-Jefe, la familia ta afuera esperando con el cartel de bienvenido. Mi viejita ha madrugado –le dijo el deportado.

-¿Con qué nombre falso saliste de Perú?

-Manuel Jesús Endo Briceño.

 

El policía fingía que revisaba la pantalla de su computadora. Tecleó unas palabras. Volvió a mirar lo que había escrito. Con las manos libres guardó el fajo de dinero en uno de sus bolsillos. Selló el salvoconducto y le informó que podía irse. Bebió un poco más de café. Al verlo alejarse un presentimiento lo hizo ponerse de pie. Protegido por los vidrios oscuros descubrió detalles del deportado: no llevaba maletas, vestía ropa fina y recordó que no le había pedido rebaja. Eso era lo más raro. Todos los peruanos ilegales que regresaban del País del Sol Naciente deportados siempre regateaban.

 

Regresó a su escritorio para verificar su duda. Ahora sí examinó con minuciosidad en la computadora los datos policiales del deportado. Su presentimiento se transformó en una seguridad.

 

-¡Cuarenta años, saco oscuro, pelo ondulado y camisa azul! –gritó el policía y pidió refuerzos por su radio.  

 

Desde que salió de la oficina de lunas polarizadas, el recién llegado sintió que lo observaban. Por eso con disimulo había dejado su saco en el suelo para confundirse entre la multitud de viajeros. Al notar el despliegue policial apresuró el paso. La avenida estaba a pocos metros. Corrió cuando escuchó que los policías gritaban: ¡Todos al suelo!  Ya en la calle,  descubrió que estaba perdido en una Lima de combis de cobradores ruidosos, de taxis que tocaban sus bocinas, de antiguos microbuses. Volteó por reflejo. Tres policías, a pocos metros de capturarlo. Sin otra solución, alzó su mano y dos taxis stations wagons blancos casi chocan por brindarle el servicio. Entre putadas de madre de los choferes, un antiguo Toyota Crown con letras japonesas de taxi frenó a su lado. En medio del caos la puerta se abrió.

 

-¡Cónsul entra! –le gritó el conductor.

 

Sin mirar atrás subió  y el taxi arrancó con un sonido de llantas.

 

-Para quién trabajas, ¿los Shimabukuro o los Yakuzas?

-¿No me reconoces Cónsul?

 

Fijó su vista en el perfil del taxista. ¿Lo conozco de algún lado?, se preguntó. Entonces, comenzó a observarlo con mayor atención: un gorro deportivo aprisionaba su cabellera, una abundante barba ocultaba su rostro y manejaba con lentes oscuros. Creo que nunca lo he visto en mi vida, pensó. Por curiosidad y con disimulo, inspeccionó el interior del auto: tenía los asientos limpios, los pisos de jebe relucientes y una estampita de San Judas Tadeo, colgada en el espejo retrovisor, se mecía. El Cónsul leyó su mensaje: Dios hará justicia.

El taxi se detuvo por un semáforo en rojo del cruce de la Av. Morales Duarez. El conductor se sacó los lentes oscuros y el gorro. Con el rostro descubierto, giró la cabeza en su dirección y ambas miradas se hallaron. El Cónsul  lo reconoció.

 

-Historiador, sigues vivo. Yo pensé que los Yakuzas…

-Cónsul logré escapar y regresé a Perú. Pensaba que me habías traicionado, pero hace unos tres años encontré al Cuy acá en Lima y él me contó que me buscaste por todas las comisarías de Nagoya. También me pasó el teléfono de algunos del refugio que siguen trabajando en Japón. Así me enteré que la policía había entrado a tu antiguo apato.

-¿Cómo adivinaste que regresaría?

-Pensé que ya estabas cansado de seguir huyendo. Estoy aquí por los viejos tiempos.

-Historiador llévame al cementerio El Ángel.

 

Ambos guardaron silencio. El semáforo cambió a verde. El taxi avanzó por la Av. Faucett y por los parlantes escucharon la ronca voz de Tsuyoshi Nagabuchi, el cantante preferido del Cónsul, Uso wa nai hou ga ii/ Uso wa iwanai sou kokoro ni kimete/ Uso wo tsukitsuzukete ore ikite iru, cruzaron los rieles del tren cerca de la Av. Argentina, su Toyota Trueno color negro esperándolo en la estación de Nagoya, Shinjitsu oo shinjitsu/ Shinjitsu dake ga atama wo tareru , giraron a la derecha y entraron a la Av. Colonial, el refugio de la estación de trenes donde inventó lo que todos buscan, Kane kane kane to kane oikaketara/ Hitoyo ni shite shiawase ga surinuketa, pasaron por el bypass de la Av. Universitaria hasta la Plaza Dos de Mayo, las peleas con los camellos y los yakuzas, Shinjitsu oo shinjitsu/Shinjitsu dake ga atama wo tareru, y de ahí enrumbaron a la Av. Evitamiento  y por un atajo entraron a Barrios Altos.

 

Cuando ya estaban cerca el Cónsul le pidió al Historiador que se detenga para comprar un ramo de claveles rojos. Faltaban dos horas para que las puertas del cementerio se abrieran. El Cónsul logró que el taxi entrara por veinte dólares y hasta el guachimán les indicó cómo llegar al pabellón Santa Liliana.  A los poco minutos el auto frenó. 

 

-Cónsul mejor te espero –le comentó el Historiador .-La policía debe seguir buscándote.

-Arigatou –le respondió y bajó del auto.

 

Caminó mirando las lápidas. Tenía que buscar la negra, con un ancla y un poema de letras blancas. La encontró descuidada. Con su mano tocó la fría piedra, limpió el polvo y apareció con claridad la imagen de un hombre. El Cónsul le pidió disculpas por incumplir su promesa.  También porque no pudo estar ni cuando murió ni en su entierro. Lloraba desesperado como lo había hecho tantas veces en Japón: en el refugio, en hoteles cinco estrellas, en su deportivo Toyota Trueno corriendo a más de 150 Km/h escuchando las canciones de Nagabuchi. Recordó también la estampita religiosa del taxi del Historiador: ‘’Dios hará justicia’’. Le dio la razón,  todo se paga en la vida, al crédito o al contado, en días o en años, no hay diferencia a la hora de asumir las culpas.  Y ahora sabe que tendrá que asumir los errores y aciertos de dos décadas en otro continente: ser el peruano más rico de Japón por haber inventado la visa falsa, ser el único extranjero que se enfrentó a la mafia japonesa, ser el más grande proveedor de cocaína y prostitutas colombianas, rusas y filipinas al País del Sol Naciente.

 

(Un fragmento de la segunda novela que escribo luego de que mi hija se duerme).

 

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Un ‘Cholón’ en París

Posteado a las 24 de Enero de 2012 - 23:18 8 comentarios

Para mi hija, Marce, la casa de su abuelita es de Nina (Labrador), la de su tío Daniel es de Tobías (Shitzu) y la de su tío Víctor es de Jiro (Cocker Spaniel).  Aunque su mamá Silvia le ha repetido que debe saludar a sus tíos y abuela primero, ella siempre que los visita no hace caso y corre a saludar a los perros.

También le gusta conversar de ellos: ”Que Tobi hizo esto”  (hace mímica con sus manos); ”Que Jiro ladra mucho” (guau, guau,guau) y resondra a la Nina (”¡No, Nina, no!”).

A veces me pregunto qué raza de perro sería la ideal para acompañar Marce. El consejo de los amigos está entre: Schnauzer , Salchicha, Pug o Bichón Maltés. La verdad es que yo ya tengo mi favorito, y esa elección tiene treinta años.

Cuando yo era niño, recuerdo que mi papá el ‘Loco’ Arriola  creaba historias de nuestros perros  y  los convertía en bailarines de tango, políglotas, deportistas, galanes, filósofos, cantantes.  Por su trabajo de ingeniero pesquero viajaba mucho, pero siempre llamaba a casa y pedía que cuidáramos a sus mascotas y sobre todo al ‘Cholón’, hijo de su perro Basset Hound predilecto llamado el ‘Rafa Minelli’, por una telenovela argentina.

Hace tres décadas, un sábado al mediodía, el ‘Cholón’ se escapó y un vecino lo atropelló. Desesperados lo llevamos al veterinario, pero fue en vano. Regresamos con mis hermanos  a casa preocupados y  tristes. Cómo explicarle al ‘Loco’ que por un descuido el heredero del anciano ‘Rafa’ había muerto.  A ninguno de mis hermanos mayores se les ocurrió alguna excusa.  De pronto escuchamos que el teléfono de la sala timbraba.  Mi hermana trotó a contestar y gritó: ¡Papá! Todos corrimos a su lado. Por las respuestas de mi hermana entendimos que hablaban del ‘Rafa’.

-Sí, papá. Te prometo que haré lo que pides –afirmó.

La miramos extrañados. Ella les dijo a mis hermanos mayores que abrieran  la puerta del patio porque el ‘Loco’ quería hablar con el ‘Rafa’ y que aprovecharan para enterrar al ‘Cholòn’.  Por sus patas cortas el ‘Rafa’ llegó jadeando. Mi hermana acercó el auricular a una de sus grandes orejas. ¿Qué pedido será?, me pregunté.  El ‘Rafa’ movía la cola y luego mi hermana colgó al ya no escuchar la voz del ‘Loco’.

-Vamos al parque a pasear con el ‘Rafa’ – me dijo.

Salimos de la casa. El ‘Rafa’ caminaba sin apuro, su cabeza con canas se balanceaba y una que otra vez se tropezó al pisar sus elefantiásicas orejas.  Mientras husmeaba los árboles y ladraba a las palomas, mi hermana me comentó:

-Mi  papá ha ordenado que nunca más hablemos del ‘Cholón’.

-¿Y qué le dijo al ‘Rafa’?

-Que el ‘Cholón viajó a París.

¿París?, pensé mientras imaginaba al ‘Cholón’ sentado al lado de la ventana del avión. Con la inocencia de un niño de diez años juré que algún día iría a esa ciudad. Todos obedecimos y el ‘Rafa’ nunca más escuchó el nombre de su hijo. El tiempo pasó, nunca viajé a Europa. Sin embargo ahora el recuerdo hace el viaje de regreso. Espero que a Marcela le guste un cachorro de patas cortas y gruesas, ladridos de tenor, ojos caídos y que siempre tuvo su nombre.

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  1. jayze Posteado: 11 de Mayo de 2012 a las 17:53

    gracias gracias yo envie la rosa sabian hello es hermosa cierto vesos

  2. Nia Posteado: 28 de Enero de 2012 a las 19:53

    Los Basseth hound son lo mas hermoso del mundo. Yo tengo uno y es indescriptible todo el amor q nos da y lo noble q puede ser. Te aseguro q tu hija recibira el mejor de los regalos, no hay nada mas tierno q ver esos ojotes y orejotas caidas y siempre sus ladridos grueso.

  3. Denisse Posteado: 27 de Enero de 2012 a las 14:08

    Eh llorado con la historia… yo tengo tres perritos rottweiler que son mi adoracion Dark(papá), Shade(mamá) y Taison(Hijo, y el mas engreido) en estos dias mi pequeña sera mama otra vez ojala que todo salga bien, ya estoy anciosa por ver a los cachorros, lo que me pone triste es que al final tendre que separarme de ellos me gustaria quedarme con todos pero no puedo :( .

  4. nelly Posteado: 26 de Enero de 2012 a las 15:51

    Cuando falleció George mi pena y la de todos los de la casa fué enorme. Era un setter irlandés. Para mi el perro mas guapo de toda la raza canina, aparte de ser super inteligente. Si vuelvo a tener otro perro tendría que ser otro setter irlandés.

  5. MANUELA Posteado: 26 de Enero de 2012 a las 13:20

    Muy buena pipo,se la lei a tobias le gusto y sabes lo que me dijo:GUAU GUAU GUAU!.

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dic
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Un susurro de madrugada

Posteado a las 21 de Diciembre de 2011 - 13:48 3 comentarios

Julio Ramón Ribeyro , La tentación del fracaso (20 de setiembre de 1968)

Tres horas tratando de hacer dormir al bebé para poder venir a mi mesa y escribir algo…Finalmente lo dejo despierto y vengo. Se baja y me sigue, sin llorar esta vez y queda a mi lado, silencioso a pesar de que le he gritado (‘’Duérmete, por favor, me voy a volver loco, tengo que trabajar’’), mirándome, esperando que le haga una caricia,cayéndose de sueño pero de pie, aguardando que me reconcilie con él, lo que haré, claro, en este mismo momento, porque nada de lo que yo pueda escribir vale los segundos de zozobra, de pena, que le haría pasar y que puedo tan fácilmente conjurar con un solo gesto y una renuncia.

Este año he trabajado varios meses desde temprano hasta la media noche: exhausto, ojeroso, con la espalda

con nudos y una tos que me sigue a todos lados. Y, a veces, entre las pocas horas que puedo

dormir, mi hija Marcelita se levanta de su cama en la madrugada y viene corriendo a la mía y me susurra

‘’papito, tetita quere’’ y en ese preciso momento, salto, la abrazo, juntamos nuestros rostros y después la

echo al lado de su mamá Silvia, mientras ella le cambia el pañal yo busco su almohada preferida: sale la

blanca y entra la azul, y Marce se arrulla. Sin prender la luz avanzo a la cocina –al principio me chocaba con

las paredes, puertas y tenía que aguantar el grito de dolor, pero ya aprendí la ruta y a no dejar zapatos ni

juguetes en el camino-. Preparo la medida exacta de leche, un poquito de azúcar rubia y al microondas.

Regreso al cuarto y Marce me recibe como si no nos hubiéramos visto en semanas. Cuando termina,

lentamente va hundiendo su carita en esa almohada de cielo despejado. Y al ver sus párpados cerrados, en un

cómplice silencio reflexivo, siento que debo seguir escribiendo mi segunda novela que no avanza y terminar

unos cuentos estacionados. Pero no puedo. En esos frustrantes minutos de cansancio siempre decido ser

feliz y  muevo a Marce suavemente al medio de la cama: hija y mamá duermen igualitas, y yo les acaricio las

cabelleras unos segundos hasta que finalmente descanso. Estoy seguro que ya vendrán horas para escribir;

ahora son ellas, yo y la magia de una familia. Feliz Navidad.

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  1. Ursula Posteado: 22 de Diciembre de 2011 a las 8:55

    Pipo! Muy tierno… Felicitaciones por ser un papi tan cariñoso y dedicado. estoy segura que esa novela/colección de cuentos pronto vendrá. Reciban un abrazo navideño.

  2. Patricia Posteado: 21 de Diciembre de 2011 a las 16:17

    Me preguntaba y te preguntaba cuando me das una sobrinita (o) y llego Marcelita,ahora si puedes opinar por ciencia y experiencia sobre lo maravilloso ke es ser padre y como llega a tener sentido la vida a traves de estas pequeñitas personas… ahora cuando llega el segundo, no sean flojos Familia Arriola-Mori.

  3. Milly Posteado: 21 de Diciembre de 2011 a las 14:24

    precioso Pipo… jajajaj te imagino caminando sonoliento jajaj pero me da ternura tambien ver tu dedicacion!! un beso amiguito, se te quiere!

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dic
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Tradición familiar: ser o no ser un Arriola

Posteado a las 7 de Diciembre de 2011 - 11:00 5 comentarios

Casi siempre ocurre lo mismo cuando digo mi apellido. La última vez me pasó en el dentista. La señorita que reservaba las citas, al escucharlo, abrió un poco más los ojos e intentó disimular una sonrisa. Como ya sabía lo que imaginaba, precisé -en broma- que mi primer nombre era Fidelio. Ella no aguantó y se rió. No podía entender cómo un Arriola podía ser fiel a la vez.

Sucede que mi apellido ha sido difamado. De Arriola han nacido sinónimos de excitación: Arriolón, Arriolada, Ardillola, Ardientola. La verdad es que cuando era niño mi ilustre apellido no era utilizado como jerga. Y como viví en el extranjero varios años, tampoco supe cómo surgieron tantas acepciones.

Entre algunas teorías, he escuchado que fue el comediante Carlos Álvarez el gestor de tan grande transformación. Por eso cuando retorné al Perú, me sorprendí cuando a veces me vacilaban de ser un recontra mañoso. Para seguir la corriente, aclaraba -y aún lo hago- que el escudo familiar de los Arriola lo dice todo porque ahí sale un hombre persiguiendo mujeres.

El “Diccionario de jeringa peruana” de Fedor Larco informa sobre el signficado de Arriola: “Dícese del que padece arrechura”. Y en el diccionario de heráldica, se indica sobre el apellido Arriola: “Se trata de un linaje vasco deformado por algunos como Arreola”.

Debo confesar que cuando estaba soltero y algo borracho el escudo familiar era mi emblema y hasta me jactaba de mis proezas. Ahora, ya casado, me sigo jactando pero con más mesura porque he descubierto Arriolas ilustres:

el escritor Juan José Arreola , la cantante de rancheras Manolita Arriola; en Perú tenemos a Nicolás Arriola -un argentino que llegó con la expedición libertadora de San Martín- y que ahora tiene su nombre en una avenida.

Y en el mundo virtual, en LinkedIn hay 25 profesionales con el apellido Arriola en el Perú. Y en Facebook tenemos una página: Familia Arriola, que busca a todos los que tenemos este apellido en el mundo. Así que si tienes un amigo(a),  o estás casado o de novio(a) con un Arriola, ya tienes más tema de qué hablar o tal vez, puedes pedirles que dejen el apellido bien puesto.

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  1. Marvin Arriola Posteado: 22 de Diciembre de 2011 a las 22:29

    los elegidos somos pocos

  2. Xeviche Posteado: 16 de Diciembre de 2011 a las 12:57

    Hola Pipo. Me gusto mucho el post. Me puse a pensar en como los apellidos derivaron en adjetivos en los 90 y se me ocurrio que tuviste suerte de no apellidarte Pendeivis, que, en nuestros tiempos mozos, te hubiera sentado mas que Arriola. Saludos !

  3. El Vengador Anónimo Posteado: 9 de Diciembre de 2011 a las 16:21

    yo un montón de veces he formado parte de tu familia vaca, sobretodo en tragos jajaja

  4. Mario Arriola Posteado: 9 de Diciembre de 2011 a las 12:37

    Un apellido, que recien a los 18, lo empiezas a amar!!!

  5. Alfredo Posteado: 7 de Diciembre de 2011 a las 15:33

    Eres recontra Arriola. De eso no hay duda.
    Gran post Don Arriola. No dejes que te difamen.
    A.

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nov
30

A propósito del rediseño de La República: Inés, la heroína

Posteado a las 30 de Noviembre de 2011 - 8:56 0 comentario

Hoy La República sale con nuevo diseño. Ahora que hojeo un ejemplar, recuerdo que cuando era redactor de Locales me gustaba buscar historias que contar. Así encontré a Inés Valdivia, una gambatera de la vida.


Inés, la heroína

En 1979, los policías le rompieron la columna a la docente Inés Valdivia. Nunca más pudo trabajar en el Ministerio de Educación. Ahora lo hace sin cobrar en asentamientos humanos.

El sendero de arena y piedras se eleva desafiante. La profesora Inés Valdivia, desde su silla de ruedas azul, alienta a las mujeres que la cargan. Deben de subirla por el cerro, con la fuerza de sus brazos hasta la cima. Donde está el aula, donde esperan sus alumnos, donde su vocación la llama.

El ascenso es difícil, pero las cuatro madres del asentamiento humano Bayóvar, de San Juan de Lurigancho, no se amilanan. Inés, con sus ojos claros como el verde de su natal Tingo María, mira con asombro este milagro que se repite varios días a la semana cuando ella llega a esta zona de extrema pobreza para cumplir su deber de siempre: ser profesora.

Más mujeres se unen en esta tarea. A veces pasan tan cerca del precipicio que las piedras caen al vacío. Los perros les ladran. Unos pasos más de esfuerzo para empezar las clases.

Alumnos de primaria

El aula no tiene ventanas ni puertas y el techo es un plástico despintado que es azotado por el viento. Los niños la saludan con un “buenos días, profesora”. Están sentados sobre sillas sin esponja. En sus cuadernos, Inés les escribe operaciones de multiplicación y divisiones.

José tiene 12 años y aunque a esa edad ya debe de manejar las tablas de multiplicación no puede. Por eso, Inés le propone que mejor van a jugar al número mayor y al menor.

Algunos niños terminan las operaciones y le entregan sus cuadernos a Inés para que los revise. Cuando las operaciones están correctas, les pone un “MB” de muy bien y los felicita.

Para que José comprenda los números, Inés le escribe en su cuaderno parejas de números y le dice que al medio de cada una debe de descubrir cuál es el mayor o menor y poner los signos: < o >.

–Por ejemplo, ¿10 es mayor o menor que 7?

José la mira de reojo. No sabe qué signo escoger. Inés le revela un secreto: que su brazo derecho simboliza el mayor(>) y que su izquierdo el menor (<). Como jugando, José a sus 12 años va recordando qué números son mayores y menores.

Dictado reflexivo

“¿Qué le pedirían al Presidente?”, pregunta Inés a sus alumnos. Alberto, de 8 años, comenta que le pediría pistas, casas de cemento, agua y mucha plata.

–Lo que deben pedir es trabajo para sus padres. Para que ustedes, no tengan que trabajar –dice ella.

Luego Inés les pide que anoten con sus lapiceros lo que va a dictar. Y con su ligero dejo charapa empieza:

“Si yo fuera Presidente no debo mentir ni robar ni matar. Solo debo decir la verdad”, dice Inés y prosigue dictando lo que debe ser principal lección para nuestros presidentes.

Los niños y sus madres

Los alumnos de primaria se retiran y a los niños de inicial, Inés les enseña conjuntos para que comprendan el concepto de los números. Para esto, dibuja varios círculos de tamaño regular en sus cuadernos y escribe en su interior, por ejemplo: 6 piedritas y 4 pajitas.

Para cumplir con la tarea, los niños se levantan de sus sillas y buscan en el suelo del aula las piedras y las pajas secas de las esteras.

Lentamente, los pequeños van formando los conjuntos con sus manos y uñas con tierra. Cuando terminan, Inés los felicita y les escribe unas sumas.

–Sandrita, tenías hambre. Te comiste un número–, dice cuando revisa la suma.

Y no se equivoca. Los pequeños a simple vista sufren de desnutrición, pero a la vez tienen ganas de aprender. Pero, sin energías es muy difícil retener los conocimientos que Inés les explica con paciencia.

Cuando termina con los más pequeños, sus madres llegan con rosarios recién confeccionados y madejas de hilo para fabricar mantas. Ellas también son alumnas de Inés.

–Virgencita, ayúdanos a salir adelante. Tan solo queremos trabajo y un lugar dónde vender nuestros productos–, dice Inés con un rosario entre sus dedos.

Inés se despide porque está con el tiempo en contra. Tiene que dictar otro taller a madres de familia en el AH Juan Pablo II, Zona V.

“Fue como un rayo”

Rumbo al nuevo taller, Inés recuerda cómo quedó paralítica. A los 22 años participó como dirigenta en la huelga nacional del SUTEP y el 4 de julio de 1979 cuando retornaba apresada del Ministerio de Educación, logró escapar del portatropas y corrió a la Plaza de Armas, donde estaban sus compañeras. Pero, a medio camino, recibió una patada en la espalda y cayó al suelo. “Los policías me patearon más. Lo último que sentí fue un rayo que me partió y nunca más sentí mis piernas”, recuerda.

Por eso, Inés es conocida como la “Heroína del Sutep”. Su lucha continúa. “Yo exijo un aula para trabajar, el Estado sabe que mi diagnóstico en Alemania dice que puedo caminar, pero no hace nada. El Estado sabe que los maestros quieren que les descuenten por una sola vez 10 soles para mi rehabilitación, pero es indiferente”, dice. Desde hace 28 años, Inés quedo inválida y nunca el Ministerio de Educación la repuso como profesora. ¿Y el SUTEP? Tampoco la defiende cuando debería hacerlo.

Labor en otro taller

La luz de la velas alumbra la habitación del taller. Inés revisa con minuciosidad que los collares estén correctos, al igual que los aretes, carteras, chompas.

“Por cumplir mi rol de profesora surgen los talleres. Primero alfabeticé a las madres y luego les enseñé manualidades para que tengan un dinero extra”, explica Inés.

A todos estos talleres, Inés Valdivia Malpartida les brinda los materiales gratis. Para conseguir el dinero necesario, vende tarjetas y cerámicas que ella misma confecciona. A veces cocina en albergues y casas.

“Yo confío en ellas. A los niños pobres no les cobro nada, pero cuando estoy sin dinero a veces las madres me ayudan para pagar las mototaxis”, revela.

La profesora Inés, la luchadora Inés, la admirable Inés, aunque vive en una silla de ruedas, siente que su cuerpo está de pie. Hasta zapatea sus huainos. Su mejor pago es cuando los niños pobres le piden más tareas para hacer. Está de pie.

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nov
25

Confesión: Tú, yo y nuestras abismales diferencias

Posteado a las 25 de Noviembre de 2011 - 10:21 9 comentarios

Tú siempre ordenada, hija mayor y madura, de grandes ojos como girasoles

Yo desordenado, hijo menor y engreído, de ojos dormidos como ventanas entreabiertas

Tú delgada, con tacos más alta que yo, y con un hermoso pelo lacio castaño

Yo gordo, sin zapatillas empatamos en altura, y con el pelo corto ondeado negro

Tú eres bailarina con ritmo y aún en la base dos

Yo, descoordinado y próximo a entrar a la base cuatro

Tú detestas las menestras y el congelado arroz de ayer

Yo muero por las lentejitas y los calentaditos

Tus horas de sueño son extensas, con dos almohadas

Yo soy de sueños cortos , sin almohadas

Tú música preferida es en inglés

Yo, el rock en español y José José

Tú centrada

Yo algo loco

Tú, yo y nuestro amor que une nuestras abismales diferencias

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  1. Moi Posteado: 28 de Noviembre de 2011 a las 22:11

    Y si son distintos como es que siguen juntos?? Que los mantiene unidos??

  2. corina Posteado: 27 de Noviembre de 2011 a las 12:15

    inspirador,bien loco

  3. corina Posteado: 27 de Noviembre de 2011 a las 12:14

    inspirador

  4. Rodrigo Obregón Posteado: 27 de Noviembre de 2011 a las 7:32

    Está chévere; pero no sé si lo habrá sacado de ahí; pero yo he leído algo muy parecido, por no decir igual, en un libro de Alfredo Bryce Echenique, “No me esperen en Abril” Obviamente sin el Rock y José José.

    luis_arriola

    luis_arriola Reply:

    Hola Rodrigo
    Q loco lo me cuentas, te agradecería me copies ese extracto de la obra del maestro Bryce. De verdad que sería locazo que esa descripción sea igual porque asi somos mi esposa y yo. Lo más irónico es que hace algunos años, cuando trabajaba en La República, escribí un reportaje sobre los plagios de Bryce: http://www.larepublica.pe/26-03-2007/toda-repeticion-es-una-ofensa . Un abrazo

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nov
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Contrato de vida II

Posteado a las 3 de Noviembre de 2011 - 0:00 0 comentario

Recién ahora comprendo por qué los números 4 y 9 en el twitter del doctor japonés, canoso y de uñas amarillas ( @tsuyo_suzuki49): Una de las pronunciaciones del 4 es “shi”, que significa muerte y del 9, “ku” que equivale a sufrimiento. En simples palabras: morir con sufrimiento.

Este detalle lo descubrí en plena operación cuando el doctor Suzuki me explicó que finalmente habían descubierto una malformación congénita en la zona abdominal de mi hija: Aneurisma de aorta

Recuerdo que cada uno tenía su monitor cardíaco. Estábamos echados en dos camas, uno al lado del otro, y yo sostenía con mi mano izquierda tu pequeña mano derecha. Colocaron unos trapos verdes debajo de mi esternón y formaron un espacio en forma de cuadrado. 

Como si fuera su alumno el Dr. Suzuki me comentó que la vena aorta nace del cuello y baja al abdomen y en la pelvis se divide, que es como una gran tubería llena de sangre y añadió: Un mal corte y morirás desangrado.

-A pesar de la anestesia vas a sentir dolor. Mientras tu sufrimiento aumente el de tu hija disminuirá. Y aunque estés con los ojos cerrado vas a ver todo.

No se equivocó, sentí al frio bisturí abrir mi piel. Me mordí los dientes,  y por el padicimiento extremo recordé cuando aún no nacías:

A los 37 años estoy aprendiendo a escuchar a Marcela, mi primera hija. Cada mañana cuando despierto, junto mi rostro a la abultada barriga de mi esposa y tanteo con mi oreja y mis manos dónde puede estar su carita. Por intuición la encuentro, cierro mis ojos para verla y susurro lentamente lo mucho que la quiero. Y ella se mueve.

En la primera ecografía, tuve que disfrazar mi ansiedad para darle tranquilidad a Silvia, mi esposa. Al ver a mi hija en la pantalla, tan perfecta, tan pequeña, sentí una felicidad extrema que aumentó al escuchar los latidos de su corazón, que sonaba como pequeños tambores a ritmo de jazz.

De pronto escuché que el tuuu,tuuu,tuuu de mi monitor cardiaco se aceleró tututu, tututu,tututu  y , luego, la alarma tititititii. El Dr. Suzuki ordenó que usaran una droga, no recuerdo bien el nombre y después pidió una descarga eléctrica.  Una enfermera separó nuestras manos y sentí un rayo en el cuerpo.

 Continuará

 

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

 

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oct
21

Contrato de vida

Posteado a las 21 de Octubre de 2011 - 18:35 2 comentarios

Hija, te di la vida no solo una vez. Aún no habías celebrado tu primer cumpleaños y una enfermedad apareció en tu frágil cuerpo. Los análisis no explicaban cómo curarte y ninguno de los doctores tampoco se aventuró a dar un diagnóstico. Derrotados salieron en silencio del cuarto del hospital Kameda en Japón.  Con tu mamá nos abrazamos devastados de pie. Apoyé mi barbilla en su hombro y, segundos después,  la puerta se volvió a abrir.

 

Con la frustración en la mirada observé entrar a un doctor japonés canoso, con lentes y en su mano izquierda una hoja.  Sin rodeos  nos comentó en un español con seseo sobre el contrato que tenía entre sus dedos de uñas amarillas. Ante nuestra incredulidad nos explicó sobre el budismo zen, karma,  la ley de la acción y reacción, pero no entendimos porque nuestros pensamientos estaban contigo.

 

-Señor, este contrato parte de una verdad: los padres nunca deben enterrar a sus hijos. Si usted acepta firmarlo, nosotros vamos a salvar a su hija, pero como a la muerte no se le puede engañar alguien debe ser operado por la misma dolencia.

 

- ¿Y a quién van a operar? –pregunto y presiento la respuesta.

 

-El contrato sólo permite que los padres salven a sus hijos. Hemos hecho pruebas con abuelos-nietos, tíos-sobrinos, primos-primos y no funciona.

 

-¿Por qué?

 

-No los sabemos. Luego de tantos intentos descubrimos que los padres dejan códigos ocultos en los ADN de sus hijos. Vamos a usar esos portales para volverlos a conectar.

 

-¿Cuántos lo han logrado? –interroga tu mamá.

 

-Hasta el momento ninguno. Hemos operado a familias japonesas  que sobrevivieron al terremoto y tsunami de la Central Nuclear Fukushima 

 

Una enfermera entra a la habitación e interrumpe la conversación. Introduce un antibiótico en el suero que entra, gota a gota, en tu pequeña vena perforada por una fina vía.  Algunas válvulas rodean tu diminuta mano, y tus dedos están levemente hinchados. Duermes por las medicinas, y ahora siento que yo puedo despertarte.

 

-Dónde firmo –le dije y firmé.

 

Continuará…

 

 

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  1. Nitza Posteado: 26 de Octubre de 2011 a las 10:31

    nunca ceses amigo, DIOS esta contigo y al lado de tu niña cada momento, cada instante…bendiciones

  2. Julio Cesar Posteado: 25 de Octubre de 2011 a las 10:41

    triste historia, amor de padre

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oct
16

Nadie me quita lo bailado

Posteado a las 16 de Octubre de 2011 - 20:32 6 comentarios

 7:46 a.m.

Un lunes de octubre, la historia del colegio María Alvarado estuvo a punto de reescribirse. Y no me equivoco al afirmarlo. Esa mañana, Arturo llegó a nuestros lockers con una sonrisa jactanciosa, como esperando que lo felicitáramos

-¿Qué pasa Oso polar? –le preguntó el Chino mientras se ponía su mandil azul.

Arturo nos seguía mirando con una sonrisa de ganador.

-Seguro que compraste la porno alemana que tanto buscabas- comentó el Topo y nos carcajeamos.

Arturo negó con la cabeza y nos preguntó si no habíamos escuchado sobre su hazaña.

-Ni mierda -dije y agregué-. ¿No me digas que vendiste tu colección de las ‘Sexy mellizas’ del Ojo?

En ese momento sonó el timbre de las 8 a.m. hora del inicio de clases y tuvimos que separarnos.

 

10:01 a.m.

Corrimos al salón de Arturo a felicitarlo. Él había repetido de año y seguía en cuarto de media. Al vernos en la puerta, se levantó y caminó a nuestro encuentro. Su andar era diferente. Estoy seguro de que el Chino y el Topo también pensaron lo mismo: ¿Cómo la hizo el Oso polar con la de ojos azules?

-¡Puta madre, buena Oso polar, la hiciste linda! -le gritamos en coro y lo abrazamos en el pasadizo.

Arturo metió sus manos en los bolsillos y volvió a observarnos con esa sonrisita de triunfo mientras sus compañeros de aula lo saludaban con respeto y las chicas lo miraban diferente.

-¿Le metiste yombina en el trago? –le preguntó el Chino.

-Ya sé pendejo, seguro que le diste un buen troncho y la flaca se alocó-le dije.

-No, Ñato. Tengo mi secreto –afirmó el Oso Polar.

-Que tal floro, Oso –acotó el Topo

Arturo arrugó la frente como recordando y empezó a contarnos pero el timbre interrumpió su historia de amor. Le dijimos para comer juntos pero él rechazó la invitación. Tenía que almorzar con ella, la más linda del colegio. Regresamos al salón y mientras esperábamos a la profesora de inglés, el Chino pensó en voz alta:

-Esa flaca lo va a joder al Oso polar. Te apuesto una chata de ron que la semana que viene se enamora otro pata.

-Más que fijo. Tenemos que hacer algo –coincidimos con el Topo, y empezamos a reírnos, a carcajearnos por esta mentira que nos adormecía la conciencia.

.

12:10

Durante el almuerzo, los galanes del colegio tenían los rostros desencajados. Estaban tan preocupados que nos pidieron ayuda. Al escucharlos hablar me di cuenta que no era preocupación. Ellos sentían miedo. Un resquemor que se reflejaba en el tamborileo de sus pies contra el piso. No podían aceptar que la más bella del colegio María Alvarado estuviera con el Oso polar.

Si ellos sentían miedo, a nosotros nos invadía la piconería. Era inadmisible que el Oso polar entrara a las grandes ligas. En medio del diálogo, el Chino nos guiñó el ojo y empezó con el argumento del peligro que corría el status quo escolar y nadie podía revertir eso.

El Topo y yo propusimos un ‘Contrato Social’ para sofocar la posible revolución estética: si los apoyábamos, tenían que invitarnos a todas sus fiestas con trago y cigarrillos gratis. Ellos aceptaron porque el Oso Polar estaba a punto de cambiar el modelo ya establecido.

Para no perder más tiempo les revelamos la estrategia a seguir. Como ellos tenían acceso a las chicas de esa promoción tenían que correr la bola del significado del apodo Oso polar. Sólo así podían desacreditarlo y recuperar el liderazgo. Con esa misión partieron.

Para ver que el plan funcionara bien, subimos a la parte más alta del colegio: la biblioteca. Desde ahí veríamos todo. Mientras el Oso Polar hablaba con su enamorada , los galanes empezaron con el rumor, con las mofas del significado del apodo. Esas burlas llegaron a las mejores amigas de la más bella. En ese momento preferimos dejar de ver porque sabíamos que todo ya estaba consumado.

 

2 y 15 pm

Escuchamos el timbre de salida. Salimos del salón y vimos que Arturo venía corriendo por el pasadizo. Se detuvo. Ya no tenía la sonrisa de ganador ni las manos en los bolsillos. Nos contó que la más bella del colegio había terminado con él y el motivo de ruptura no se lo había dicho. Por vergüenza ninguno le dijo: ya cambia esa cara. De pronto su rostro resignado volvió a alegrarse.

-Nadie me quita lo bailado -dijo y sonrió.

 

 

Pd- La chica con el rostro tapado no es el personaje femenino de la historia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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  1. Vicky Suche Posteado: 18 de Octubre de 2011 a las 16:45

    Oe pucha… no tenia ni la menor idea de que ese tipo de conversas se llevaban a cabo en los pasillos de nuestro cole… asu mare! Bueno en fin… chevere la anecdota ñato! Aunque el Oso Polar solo tuvo unos momentos de felicidad, luego paso a la tristeza y finalmente tuvo la madurez para seguir “bailando” en la vida! Lo que si no manyo es quien era la de ojos azules… seria una amarilla??? En fin… bien ahi gambatero!

  2. Vicky Suche Posteado: 18 de Octubre de 2011 a las 16:36

    Oe pucha… no tenia ni la menor idea de que ese tipo de conversas se realizaban en los pasillos de nuestro cole… asu mare… Bien ahi Gambatero… chevere anecdota… aunque el Oso primero triste, tuvo la madurez suficiente para seguir la “bailando” en la vida! Me gusto!

  3. ROSA ANGELICA Posteado: 18 de Octubre de 2011 a las 13:05

    ¿QUIÉN ES LA DE OJOS AZULES? ¿HABÍAN? ME SORPRENDE COMO PUEDE HABER MARCADO TANTO ESTA ETAPA A NUESTRAS VIDAS. YO INOCENTE PALOMITA NO SABÍA DE REVISTAS NI ESAS COSAS QUE HABLAN LOS CHICOS. INTERESANTE MI ESTIMADO LUIS. SIGA ADELANTE. BESOS

  4. Milly Posteado: 18 de Octubre de 2011 a las 10:07

    help!!!!!!!! quien es el oso polar??????
    se me vienen a la mente muchos de mis companeros jajajajajaj pero no me atrevo a poner nombres , ya pipo te mando la botellita pero sueltame la info ps! jajajajajajj

  5. Jessy Posteado: 18 de Octubre de 2011 a las 9:29

    Lo máximo, espero los siguientes posts

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El fino arte de gambatear

Posteado a las 29 de Agosto de 2011 - 15:25 0 comentario

Seis años de vivencias en Japón que demoraron más de diez en materializarse

en una novela. Gambate, publicación de Luis Arriola, egresado de Periodismo,

cuenta sus luchas por sobrevivir en un país tan distinto del nuestro.

 

Suplemento Q de PuntoEdu (PUCP) Lunes 29 de agosto. Por: GONZALO SILVA   http://www.pucp.edu.pe/puntoedu/dmdocuments/suplementoq220.pdf
 
 
 
 

 

 

Nuestro premio Nobel, Mario Vargas Llosa, habla de los ‘demonios interiores’ como principal fuente de abastecimiento para sus cuentos y novelas. Esas experiencias que marcan y que, aunque no hayan dejado huella expresa en el estado físico, sí las dejan en el alma. La mejor manera de exorcizar estos asuntos pendientes es escribir sobre ellos. Algunos los distorsionan y les cambian los matices; pero, otros, a partir del (in)fiel recuerdo, buscan plasmar los detalles vividos.

 

“El recuerdo ya es ficción porque las situaciones no se guardan en la memoria con exactitud”, comenta Luis Arriola, egresado de nuestra especialidad de Periodismo, quien este año publicó su primera novela Gambate (Lima: San Marcos, 2011).

 

La historia cuenta la experiencia de un joven peruano que compra una identidad falsa para viajar a Japón. De esta manera, Luis Endo se convierte en el antihéroe que atraviesa diversas situaciones (tragicómicas, en algunos casos), para poder trabajar en tierras niponas, ahorrar dinero y, finalmente, poder regresar a la ciudad que lo vio partir, a esa Lima que no le supo dar una oportunidad.

 

“No había mucha literatura peruana sobre estas vivencias, así que me propuse darle voz a la gente que conocí en mi viaje y fui armando las historias”, destaca Luis.

 

El primer esbozo de esta novela se dio mientras era alumno del curso Realidad Social Peruana, en EEGGLL, hace más de diez años. Pero fue durante un taller particular con el reconocido escritor Oswaldo Reynoso que se propuso trabajarla en serio. Hasta que se vio materializada en esta publicación.

 

¿Y ese título? ¿Qué es ‘gambate’?

“Viene del verbo gambatear, un término mestizo porque, en realidad, es ‘japoñol’. Significa dar lo mejor de uno, hacer tu máximo eesfuerzo. Es como robar para sobrevivir”, confiesa el autor. Sus aventuras y desventuras en Japón fueron las mismas de Luis Endo, y ese fue precisamente el nombre que utilizó durante los seis años que estuvo allá.

 

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